El ideal del anarquismo es una sociedad en la que todos los individuos pueden hacer lo que quieran, excepto interferir en la capacidad de otros individuos para hacer lo que quieran. Este ideal se denomina anarquía, del griego anarchia, que significa ausencia de gobierno.
Los anarquistas no suponen que todas las personas sean altruistas, ni sabias, ni buenas, ni idénticas, ni perfectibles, ni ninguna tontería romántica por el estilo. Creen que una sociedad sin instituciones coercitivas es factible, dentro del repertorio del comportamiento humano natural e imperfecto.
Los anarquistas no «trazan planos de la sociedad libre». Hay historias de ciencia ficción y otras fantasías en las que se imaginan anarquías, pero no se prescriben. Cualquier sociedad que no incluya instituciones coercitivas cumplirá el objetivo anarquista.
Parece claro, sin embargo, que toda anarquía concebible necesitaría presión social para disuadir a la gente de actuar coercitivamente; e impedir que una persona actúe coercitivamente es limitar las opciones de esa persona. Toda sociedad impone límites, y hay quien sostiene, con aire de tener un argumento incontestable, que esto hace imposible el anarquismo.
Pero la anarquía no es la libertad perfecta. Es sólo la ausencia de gobierno, o de establecimientos coercitivos. Demostrar que la libertad perfecta es imposible no es argumentar en contra del anarquismo, sino simplemente proporcionar un ejemplo de la verdad general de que nada es perfecto.
Por supuesto, la viabilidad de la anarquía no puede demostrarse con certeza. «¿Es practicable la anarquía?», es una pregunta hipotética, que no puede responderse con certeza, a menos y hasta que la anarquía exista. Pero la pregunta, «¿Vale la pena luchar por la anarquía?», es una pregunta ética, y a esta todo anarquista responderá ciertamente que sí.
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pavel godman.
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Hesse1.