Apuntes críticos sobre la vida proyectual

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    Hesse1
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      El deliberado proceso de autodeterminación de cada ámbito de la vida individual y personal, en el contexto de la abolición de los marcos contextuales de autoridad, poder y dominación de la realidad social del capital, el estado y el mercado que precariza la condición humana, es lo que Wolfi expone como una vida proyectual. La vida proyectual no es otra cosa que esclarecer un proyecto de vida y proyectarlo en la realidad bajo acciones. Estás dos acepciones del término proyectual, de ‘proyecto’ y de ‘proyección’ son claves para entender lo designado como proyectual.

      Esta proyectualidad es este proceso de llevar a cabo unos ideales coherentes en todas las dimensiones de la vida, sustituyendo los poderes coercitivos y la interferencia contextual de la acción institucional e individual externa sobre la autodeterminación del individuo. Esto nos lleva a hacernos responsables y a tomar una postura consecuencialista de nuestras acciones a título individual, de modo que las estructuras de una realidad social que no compartimos no nos constriñan. Que no participemos con nuestras acciones de ellas. La acción del individuo que asume esta proyectualidad de cada faceta de su vida en conjunto, en el contexto insurreccional anarquista, constituye una oposición directa a las estructuras sociales desde su elemento mínimo: el individuo.

      Individualismo proyectual

      Esta es la importancia del individuo, esas cavilaciones que extrapolamos a los grupos humanos y que denominamos en cada uno de sus miembros como ‘individualismo’, que no es otra cosa que el libre ejercicio de la voluntad en el desarrollo autónomo de facultad de juicio y de valores. Un libre desarrollo no condicionado por esas reglas sociales impuestas desde entidades abstractas que representan un máximo exponente de poder y condicionan nuestras experiencias y limitan nuestra posibilidad de respuesta.
      En consecuencia, la interpretación del individualismo proyectual da una comprensión de la acción individual que no implica un egoísmo celoso del desarrollo personal y del libre desarrollo otros individuos, por contra, implica que cualquiera que pretenda llevar a cabo su proyecto de vida en el contexto de los ideales anarquistas se encuentra con que su proyectualidad es una insurrección contra las estructuras sociales de la realidad social que un proyecto de vida anarquista niega. Y lo niega de raíz, no de forma reactiva.

      El individualismo entendido como ese egoísmo celoso y que desconfía de la asociación humana sólo se da en contextos de competición económico-social en el contexto de una sociedad capitalista, en las antípodas de la insurreccionalidad anarquista. Ya que está comienza en el individuo y es el esclarecimiento y la perfilación de cada aspecto de su vida lo que lo lleva a llevar a la practica su proyecto de vida. De hecho, esta comprensión mercantilizada del individualismo entraña movimientos sociales enteros, estrategias de socialización sesgada bajo operaciones del mercado ideológico, suspendidos en un constructo antihumano y falaz: el colectivo de los individualistas, entiendiendo por ‘individualistas’ a tipos que sólo procuran maximizar sus propios beneficios y placeres indiferentemente de los resultados de los otros. Es el rol, el contexto en el que se piensa el individualismo, el que nos lleva a ver cómo la noción de ‘individualismo’ es diametralmente opuesta bajo las relaciones de poder de una sociedad capitalista a las de una propuesta anarquista. En esta última, es el valor del individuo lo que suprime las relaciones de poder y de competencia, y lo que enaltece la solidaridad y la colaboración entre individuos y la cohesión de grupos humanos.

      Las relaciones sociales, familiares, amorosas así como las condiciones lamentables de subsistencia en las sociedades actuales, como las opciones a la empleabilidad esclavizante y a la distracción en actividades sustitutorias, están mediadas por los contextos transculturales reductibles a las relaciones de poder de las sociedades capitalistas. La insurreccionalidad anarquista de una vida proyectual es un ejercicio individual que no puede permitirse excluir egoístamente estos ámbitos relacionales y sociales de la naturaleza humana por la comodidad de un ideal de abolición estructural totalizante, sino que se ciñe a la ruptura del contexto en el que estas estructuras se interpretan. De este modo la familia, la amistad y las relaciones amorosas se redefinen pretendiendo mejorar los lazos afectivos humanos eliminando la posibilidad de que interfieran intereses y estrategias sociales externas e institucionales, y la condiciones de degradación moral en los entornos laborales y los mecanismos de entretenimiento pernicioso desaparecen por ser incompatibles con los ideales esclarecidos en el proyecto de vida que enfrentamos contra la realidad social que nos es impuesta y manipulada.

      Actividades sociales, roles de los individuos de un clan o familia, predilecciones intelectuales, artísticas, etc., se condicionan en el contexto social en el que estemos insertos. La consiga del rechazo y la contracultura no es sino una reacción prevista por, y positiva para el sistema socio-capitalista.

      Esto no quiere decir que nuestro entorno sea indefectiblemente el reflejo de nuestras experiencias personales y la psicología individual que terminemos siendo. El espacio donde se inserta la realidad social es un espacio de normas, y el individuo con un proyecto insurreccional anarquista proyecta su vida, como una serie de normas de vida, en dicho espacio. La diferencia está en la naturaleza de dichas normas: son normas autónomas, frente a las normas heterónomas de las realidades sociales impuestas.

      Un contexto normativo

      En un contexto de discriminación y de abusos físicos o psicológicos entendidos conjuntamente como agresiones, por ejemplo, implica que un individuo tras sufrir una agresión puede elegir no convertirse en un agresor tanto como de no convertirse, por sufrirla, en un abusado. El contexto normativo de la realidad social es lo que posibilita los abusos de poder mediante cualesquiera tipo de agresiones, el que nos define como abusados, y el que nos permite estos sentimientos de aflicción.

      La cuestión no es que ‘el contrario’ defina lo que es un abuso, sino las normas que tú, individuo, te das para identificar ese abuso. Esas normas se las da el individuo a sí mismo y deben contenerse en el proyecto de vida que pretendes llevar a cabo. A modo de profilaxis, quisiera decir que: deber tenerse cuidado con invertir los valores de los juicios del ‘contrario’, del Estado o de la ‘Realidad social impuesta’, ya que usualmente esto implica caer en una trampa lingüistica, psicológica, y a efectos prácticos esa inversión de valores es un acto de ‘rebeldina’ que favorece la extensión y el anclaje de los juicios valorativos y la normatividad de ese contrario en cuestiones sociales. Una reacción prevista para una parte de la población, que no deja de ser una forma de condicionamiento estímulo-respuesta para atenuar posibles pulsiones insurreccionales.

      En el contexto de las sensibilidades sociales hacia las injusticias y nuestro discernimiento racional y de adopción de valores, la alternativa de proyectar un ideal anarquista, insurreccional por definición ya que trasciende la clasificación de ‘delito’ bajo los terminos normativos de la realidad social mercantilizada, es hacia las dinámicas de estos condicionamientos sobre el discernimiento del individuo. En este modo de vida proyectual, que debe nacer de la autonomía del individuo, se aspira a encontrar relaciones afines entre individuos que proyectan sus ideales en los lugares comunes de la insurrección anarquista y la abolición de las relaciones de poder.

      Pienso que Wolfi sugiere que las colectividades formadas dentro de las realidades sociales atenúan la capacidad proyectual de los individuos. Estas colectividades pueden ser, ciertamente, colectividades anarquistas – aunque esto es interpretación mía. Ciertamente, las consigas, los panfletos reaccionarios y los discursos elocuentes y persuasivos, los gustos musicales, y la compartición de un abanico de valores que son ‘reacciones contrarias’, una mera inversión de los valores impuestos en la realidad social, no representan una oposición real a las estructuras abstractas que constituyen dicha realidad social a la que un proyecto anarquista está naturalmente opuesto.

      Según Wolfi – si no me equivoco – las colectividades deben ‘emerger’ de acciones de individuos que están inmersos en su proyecto individual de proyectualidad insurreccional anarquista. De este modo, se entiende que el individualismo no implica individuos aislados y centrados en intereses egoístas, sino la condición del surgimiento de colectividades de individuos plenamente capaces de causar estragos en las estructuras de dominación que someten al pensamiento y que le llevan a crear las ficciones militantes de las culturas contrarias.

      Porque la Lógica de la Sumisión no deja de ser una estructura de operadores, condiciones y reglas que operan con individuos bajo las cuales la autonomía de estos no puede emerger, y si el individuo no es plenamente autónomo, un colectivo no puede explotar las grietas que esta misma estructura exhibe como objetivos de refuerzo de movimientos pseudo-rebeldes, que refuerzan la lógica de la sumisión en lugar de ponerla en peligro. Por eso, hay que abolir está estructura psicológica y lingüística directa de la Sumisión a través de la acción del individuo.

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