Descripción
El concepto de solidaridad no sólo es usado y abusado por los diversos movimientos sindicalistas y humanitarios reformistas e incluso por el propio poder, sino que también es tristemente vaciado de contenido por muchos anarquistas. La nivelación es tal que revela una actitud simbólica digna de la Iglesia pero que nos permite tranquilizar nuestra conciencia.
Contrainformación y propaganda en cabeza, manifestaciones (verdaderas procesiones), luego nada, provocan un sentimiento de impotencia, una frustración perniciosa que ve como la justificación abre el camino a la resignación.
Descubrimos que todo se desmorona allí donde la mentalidad del grupo y la cantidad se creían fuertes. Nada cambia mientras entramos en un círculo vicioso con lúgubres llamadas a un miserable trueque con el Estado que se quería combatir.
Cuando los individuos se encuentran solos por la noche, ya sin el apoyo de la «fuerza colectiva», los brazos de Morfeo transforman a los camaradas encarcelados a los que uno quería apoyar, a los que uno quería expresar su solidaridad, en una verdadera pesadilla sin salida.
Entonces, ¿debemos dejar de ser solidarios con los camaradas encarcelados, puesto que no sirve para nada?
Jamás. Un movimiento que no es capaz de ocuparse de sus camaradas encarcelados está destinado a morir, y eso a un alto precio bajo una tortura atroz.





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