Jason McQuinn – Teoría crítica del yo

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«¿Libre de qué? ¿De qué no podemos librarnos? El yugo de la servidumbre, de la soberanía, de la aristocracia y de los príncipes, el dominio de los deseos y de las pasiones; sí, incluso el dominio de la propia voluntad, de la voluntad propia, pues la abnegación más completa no es otra cosa que libertad – libertad, a saber, de la autodeterminación, del propio yo. Y el ansia de libertad como de algo absoluto, digno de todo elogio, nos privó de la mismidad: creó la abnegación. Sin embargo, cuanto más libre me vuelvo, más compulsión se amontona ante mis ojos; y más impotente me siento yo mismo. El hijo no libre de la selva no siente aún nada de todos los límites que acosan al hombre civilizado: se parece a sí mismo más libre que este último. En la medida en que conquisto para mí la libertad, me creo nuevos límites y nuevas tareas: si he inventado el ferrocarril, vuelvo a sentirme débil porque todavía no puedo surcar los cielos como el pájaro; y, si he resuelto un problema cuya oscuridad perturbaba mi mente, en seguida me esperan otros innumerables, cuyas perplejidades impiden mi progreso, oscurecen mi mirada libre, me hacen dolorosamente sensibles los límites de mi libertad.» –

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Descripción

«¿Libre de qué? ¿De qué no podemos librarnos? El yugo de la servidumbre, de la soberanía, de la aristocracia y de los príncipes, el dominio de los deseos y de las pasiones; sí, incluso el dominio de la propia voluntad, de la voluntad propia, pues la abnegación más completa no es otra cosa que libertad – libertad, a saber, de la autodeterminación, del propio yo. Y el ansia de libertad como de algo absoluto, digno de todo elogio, nos privó de la mismidad: creó la abnegación. Sin embargo, cuanto más libre me vuelvo, más compulsión se amontona ante mis ojos; y más impotente me siento yo mismo. El hijo no libre de la selva no siente aún nada de todos los límites que acosan al hombre civilizado: se parece a sí mismo más libre que este último. En la medida en que conquisto para mí la libertad, me creo nuevos límites y nuevas tareas: si he inventado el ferrocarril, vuelvo a sentirme débil porque todavía no puedo surcar los cielos como el pájaro; y, si he resuelto un problema cuya oscuridad perturbaba mi mente, en seguida me esperan otros innumerables, cuyas perplejidades impiden mi progreso, oscurecen mi mirada libre, me hacen dolorosamente sensibles los límites de mi libertad.» –

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