Descripción
A medida que avanzaba la Revolución Industrial, la sociedad moderna creó para sí misma un mito autocomplaciente, el mito del «progreso»: Desde la época de nuestros remotos antepasados simiescos, la historia de la humanidad había sido una marcha incesante hacia un futuro mejor y más brillante, en la que todo el mundo acogía con alegría cada nuevo avance tecnológico: la cría de animales, la agricultura, la rueda, la construcción de ciudades, la invención de la escritura y del dinero, los barcos de vela, la brújula, la pólvora, la imprenta, la máquina de vapor y, por fin, el mayor logro humano: ¡la sociedad industrial moderna! Antes de la industrialización, casi todo el mundo estaba condenado a una vida miserable de trabajo constante y agotador, enfermedades, desnutrición y muerte prematura. ¿No somos tan afortunados de vivir en tiempos modernos y de disponer de mucho ocio y de toda una serie de comodidades tecnológicas que nos facilitan la vida? Hoy en día creo que hay relativamente pocas personas reflexivas, honestas y bien informadas que sigan creyendo en este mito. Para perder la fe en el «progreso» sólo hay que mirar a nuestro alrededor y ver la devastación de nuestro medio ambiente, la proliferación de armas nucleares, la excesiva frecuencia de depresiones, trastornos de ansiedad y estrés psicológico, el vacío espiritual de una sociedad que se nutre principalmente de televisión y juegos de ordenador… se podría seguir y seguir.





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