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pavel godman.
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13 de julio de 2025 a las 17:03 #5177
pavel godmanSuperadministradorEn la sociedad capitalista, la actividad creativa adopta la forma de producción de mercancías, es decir, de producción de bienes comercializables, y los resultados de la actividad humana adoptan la forma de mercancías. La comerciabilidad o vendibilidad es la característica universal de toda actividad práctica y de todos los productos. Los productos de la actividad humana que son necesarios para la supervivencia tienen la forma de bienes vendibles: solo están disponibles a cambio de dinero. Y el dinero solo está disponible a cambio de mercancías. Si un gran número de hombres aceptan la legitimidad de estas convenciones, si aceptan la convención de que las mercancías son un requisito previo para el dinero y que el dinero es un requisito previo para la supervivencia, entonces se encuentran atrapados en un círculo vicioso. Como no tienen mercancías, su única salida de este círculo es considerarse a sí mismos, o partes de sí mismos, como mercancías. Y esta es, de hecho, la peculiar «solución» que los hombres se imponen a sí mismos ante unas condiciones materiales e históricas específicas. No intercambian sus cuerpos o partes de sus cuerpos por dinero. Intercambian el contenido creativo de sus vidas, su actividad práctica cotidiana, por dinero.
En cuanto los hombres aceptan el dinero como equivalente de la vida, la venta de la actividad viva se convierte en condición para su supervivencia física y social. La vida se intercambia por la supervivencia. La creación y la producción pasan a significar actividad vendida. La actividad de un hombre es «productiva», útil para la sociedad, solo cuando es actividad vendida. Y el hombre mismo es un miembro productivo de la sociedad solo si las actividades de su vida cotidiana son actividades vendidas. Tan pronto como las personas aceptan los términos de este intercambio, la actividad cotidiana toma la forma de prostitución universal.
El poder creativo vendido, o la actividad cotidiana vendida, toma la forma de trabajo. El trabajo es una forma históricamente específica de actividad humana. El trabajo es una actividad abstracta que solo tiene una propiedad: es comercializable, puede venderse por una cantidad determinada de dinero. El trabajo es una actividad indiferente: indiferente a la tarea concreta que se realiza e indiferente al sujeto concreto al que se dirige la tarea. Cavar, imprimir y tallar son actividades diferentes, pero las tres son trabajo en la sociedad capitalista. El trabajo es simplemente «ganar dinero». La actividad viva que toma la forma de trabajo es un medio para ganar dinero. La vida se convierte en un medio de supervivencia.
Esta inversión irónica no es el clímax dramático de una novela imaginativa, sino un hecho de la vida cotidiana en la sociedad capitalista. La supervivencia, es decir, la autoconservación y la reproducción, no es el medio para la actividad práctica creativa, sino precisamente al revés. La actividad creativa en forma de trabajo, es decir, la actividad vendida, es una necesidad dolorosa para la super-vivencia; el trabajo es el medio para la autoconservación y la reproducción.
La venta de la actividad vital provoca otra inversión. A través de la venta, el trabajo de un individuo se convierte en «propiedad» de otro, es apropiado por otro, queda bajo el control de otro. En otras palabras, la actividad de una persona se convierte en la actividad de otra, la actividad de su propietario; se vuelve ajena a la persona que la realiza. Así, la vida de uno, los logros de un individuo en el mundo, la diferencia que su vida marca en la vida de la humanidad, no solo se transforman en trabajo, una condición dolorosa para la supervivencia, sino que se transforman en actividad ajena, actividad realizada por el comprador de ese trabajo. En la sociedad capitalista, los arquitectos, los ingenieros, los obreros no son constructores; el constructor es el hombre que compra su trabajo; sus proyectos, cálculos y movimientos les son ajenos; su actividad viva, sus logros, son suyos.
Los sociólogos académicos, que dan por sentada la venta del trabajo, entienden esta alienación del trabajo como un sentimiento: la actividad del trabajador «parece» ajena al trabajador, «parece» estar controlada por otro. Sin embargo, cualquier trabajador puede explicar a los sociólogos académicos que la alienación no es ni un sentimiento ni una idea en la cabeza del trabajador, sino un hecho real de la vida cotidiana del trabajador. La actividad vendida es, de he-cho, ajena al trabajador; su trabajo está, de hecho, controlado por su comprador.
A cambio de su actividad vendida, el trabajador obtiene dinero, el medio de supervivencia convencionalmente aceptado en la sociedad capitalista. Con este dinero puede comprar mercancías, cosas, pero no puede recomprar su actividad. Esto revela una peculiar «brecha» en el dinero como «equivalente universal». Una persona puede vender mercancías por dinero y puede comprar las mismas mercancías con dinero. Puede vender su actividad vital por dinero, pero no puede comprar su actividad vital por dinero.
Las cosas que el trabajador compra con su salario son, en primer lugar, bienes de consumo que le permiten sobrevivir, reproducir su fuerza de trabajo para poder seguir vendiéndola; y son espectáculos, objetos de admiración pasiva. Consume y admira pasivamente los productos de la actividad humana. No existe en el mundo como un agente activo que lo transforma, sino como un espectador impotente e indefenso; puede llamar a este estado de admiración impotente «felicidad» y, dado que el trabajo es doloroso, puede desear ser «feliz», es decir, inactivo, toda su vida (una condición similar a nacer muerto). Las mercancías, los espectáculos, lo consumen; él gasta su energía vital en la admiración pasiva; es consumido por las cosas. En este sentido, cuanto más tiene, menos es. (Un individuo puede superar esta muerte en vida mediante una actividad creativa marginal; pero la población no puede, salvo aboliendo la forma capitalista de la actividad práctica, aboliendo el trabajo asalariado y, por lo tanto, desalienando la actividad creativa). -
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