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Hesse1.
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6 de mayo de 2024 a las 13:37 #3420
pavel godmanSuperadministrador‘El objetivo de cualquier insurrección es llegar a ser irreversible. Se vuelve irreversible cuando has derrotado tanto a la autoridad como a la necesidad de autoridad’ (CI)
La catástrofe no está por llegar, ya está aquí. Ya nos encontramos en el colapso de una civilización. Es dentro de esta realidad donde debemos elegir bando. No esperar más es… entrar en la lógica de la insurrección» (CI)
Basta con decir lo que tenemos ante los ojos y no rehuir las conclusiones» (CI).
¿Qué estrategias y orientaciones pueden convertir la antipolítica insurreccional en un movimiento realmente capaz de destruir el capitalismo global? Esta es la cuestión que aborda La insurrección que viene, así como autores como Bonanno. Mi objetivo aquí es utilizar las ideas de The Coming Insurrection para abrir debates sobre diversos aspectos del futuro de la insurrección. El propósito será reflexionar sobre las implicaciones estratégicas de intentar utilizar una forma de acción principalmente expresiva con fines estratégicos, y las formas de abordar los obstáculos a los que se enfrenta el proceso.
Pero, antes de nada, ¿qué es la insurrección?
La insurrección difiere de la revolución en que es un ataque a la existencia del poder estatal, más que una toma de dicho poder. Sigue la tradición de la idea de Walter Benjamin de «violencia destructora de la ley», que se dirige contra la capacidad de utilizar la violencia para crear o preservar leyes. No es una violencia instrumental para subordinar a otros, sino que existe más allá de la mitología de la violencia estatista, destruyendo el poder de la muerte por el bien de los vivos. La teoría de la insurrección de Bonanno se basa en el concepto de guerra social, que se refiere a un antagonismo irreductible entre incluidos y excluidos. La insurrección para Bonanno implica el rechazo de la alienación, especialmente de la subordinación a la producción, y supone tanto una afirmación de la vida y el deseo como el asalto a las estructuras de poder. Desgraciadamente, la guerra civil es un camino obligado que hay que recorrer en cualquier momento histórico de transformación profunda y radical». Sin embargo, también debe ser lúdica, generar entusiasmo y un sentimiento de empoderamiento contra el sistema social como máquina de muerte. La insurrección opone la fuerza activa a la fuerza reactiva, y es el punto de explosión del descontento acumulado.
Está vinculada fundamentalmente a la no renuncia, a la negativa a transigir con el deseo. Por lo tanto, está relacionada con un tipo de deseo activo y afirmativo. También está relacionado fundamentalmente con la afinidad, las redes y las bandas, en contraposición a las organizaciones. La mayoría de las veces surge desde posiciones de exclusión o marginalidad, en oposición a las que están incluidas pero son explotadas. La insurrección tiene al menos tres componentes políticos. Tiene un componente afectivo o expresivo: ataques que responden a la indignidad y la violación, que son psicológicamente liberadores e inspiradores. Tiene un componente estratégico: impone costes a las fuerzas represivas u opresoras, y sirve para labrar espacios de autonomía alterando el equilibrio de fuerzas. Y tiene un componente prefigurativo, ya que cada acto de insurrección apunta e intenta producir en el presente una insurrección total que desemboque en la destrucción del sistema. La agencia insurreccional es eficaz cuando se articulan los tres componentes. Y esto crea cuestiones sobre su interconexión y el paso entre ellos: cómo los actos insurreccionales que están motivados afectivamente y son expresivos pueden, no obstante, servir a fines instrumentales como labrar espacios de autonomía e imponer costes, y cómo y cuándo estos espacios y costes alcanzan el punto de derribar el sistema. Podemos pensar en cuestiones que van desde las protestas en las cumbres hasta la defensa de las ocupaciones ilegales y el modelo SHAC como ejemplos de cómo se produce la primera conexión. La segunda es más tentativa, pero plantea preguntas sobre por qué, por ejemplo, la insurrección griega se desvaneció al cabo de tres semanas. ¿Existe un límite temporal para las insurrecciones en el Norte global y cómo puede superarse?
7 de mayo de 2024 a las 20:05 #3424
Hesse1Superadministradorpavelgoodman escribió:
‘El objetivo de cualquier insurrección es llegar a ser irreversible. Se vuelve irreversible cuando has derrotado tanto a la autoridad como a la necesidad de autoridad’ (CI)Esta < irreversibilidad > no se define de aquí en adelante, aunque se sobreentiende que consiste en una < organización suficiente > que puede hacer uso de la < fuerza > o < potencia > de una < acción humana > lo suficientemente contundente, coordinada y disciplinada al mismo tiempo -se entiende- que pueda conseguir el objetivo de < derrotar a la autoridad y a la necesidad de autoridad > en y para una extensión < cuasi-mayoritaria > de la población de una sociedad determinada. El éxito de esta insurrección y las características de la irreversibilidad de la derrota de la autoridad afecta no sólo a la estructura política sino también a las concomitantes transformaciones socio-culturales relativas a la conciencia social y las prácticas culturales que previenen de reinstaurar viejos patrones de poder. Esto es especialmente importante por la distinción que se hace entre la < insurrección > como tácticas para conseguir el éxito revolucionario, y la < revolución > como el objetivo a perseguir.
Dos matizaciones:
- La derrota de la autoridad acontece en y/o después de la derrota de su
, no antes. Esto es porque la autoridad externa sólo tiene sentido cuando se la da significado desde la interioridad individual, condición sin la cual no existirían < los posicionamientos intelectuales o ideológicos >* respecto a la cuestión. - La extensión de la población donde debe haberse logrado la ruptura con dicha necesidad debe ser de dos clases, a saber: < activa >, de militantes en la < acción directa > insurreccional, y de ciudadanos para el apoyo en la < acción indirecta > o < pasiva >, de la facción poblacional no apta por diversidad de motivos (pacifismo, impedimentos físicos o psíquicos) para la acción directa pero que sí haya manifestado < la necesidad de la no-necesidad de la autoridad >.
Esto en cualquier caso abre el caso: la necesidad de la autoridad ¿no es una condición inherente de las sociedades humanas?; ¿para el sector población de < acción-pasiva > positiva a la insurrección no resulta ser < la autoridad > un elemento estructural y una construcción social inevitable y necesaria para ciertas funciones sociales, como la insurrección? Después de la caída de la autoridad estatal o formal, ¿qué pasa con las formas informales de poder y autoridad que podrían surgir para ellos? Es una observación contra fáctica: incluso para el contexto de una sociedad anarquista, debido a la autorregulación y las normas comunitarias, pueden surgir la asunción de roles de autoridad de facto. ¿Cómo tratará de preservarse el estado de cosas obtenido tras la consecuencia natural de la insurrección, la revolución? ¿Puede que esta < derrota de la autoridad > sea temporal o que los cambios conseguidos en las estructuras sociales sean superficiales? ¿Qué ocurre con los sectores derrotados? En ellos es posible que existan también subsectores < activos > y < pasivos >: téngase esto en cuenta más adelante.
Lo que a su vez abre otro caso relativo a las nociones de < sostenibilidad > y a la < escalabilidad >, que deja a entrever por la < idealidad > en uso de los conceptos de la proposición que, a saber: la autor-regularización de los roles sociales se equipara a la coordinación y autogestión de recursos de < pequeñas comunidades > y que hay un salto en estos términos cuando se masifica el volumen poblacional y de recursos el cual no está asegurada una escalada de manera realista, incurriendo en una falacia de composición muy propia del idealismo y las generalizaciones injustificadas.
(*) Respecto a esta distinción entre < intelectual > e < ideológico >, se entiende que es deseable de cara a los casos fácticos que en la sección de < acción activa > existan un número mayoritario de intelectuales que de ideólogos de forma necesaria. En el sector < pasivo > también es deseable, pero de cara a la < acción práctica > y posicionada a favor de la insurrección no exige el rigor de una condición necesaria teórica subyacente.
La insurrección difiere de la revolución en que es un ataque a la existencia del poder estatal, más que una toma de dicho poder. Sigue la tradición de la idea de Walter Benjamin de “violencia destructora de la ley”, que se dirige contra la capacidad de utilizar la violencia para crear o preservar leyes.
En este punto y según la respuesta al primer punto, nos remitimos a la
de de un sector de la población posicionado a favor de la insurrección. La teoría de la insurrección de Bonanno se basa en el concepto de guerra social, que se refiere a un antagonismo irreductible entre incluidos y excluidos.
En este punto remito a los sectores de la población < activos > y < pasivos > negativos a la insurrección.
[…]. Sigue la tradición de la idea de Walter Benjamin de “violencia destructora de la ley”, que se dirige contra la capacidad de utilizar la violencia para crear o preservar leyes.
Esta dirección en los procesos de la insurrección es inconsistente con los < estados posinsurrecionales > o sociales revolucionarios: abre una paradoja, a saber, que aunque se prevenga la reinstauración de antiguas formas de autoridad, ¿se escapa realmente a la recreación de nuevas formas de autoridad, o termina estableciendo sus propias leyes?
No parece estar claro que, para ser consistentes los procesos de la < acción humana > de insurrección con sus resultados, la distinción entre violencia instrumental y violencia existencial se sostenga sólo durante este procedimiento pre-revolucionario y que en su éxito no se tienda a transformar en una forma de violencia estructural o en al menos un instrumento del nuevo de poder social. Se habla de la violencia de una forma idealizada, como si la violencia física contra otros seres humanos bajo un dominio ideológico esté completamente desvinculada de las dinámicas histórico-culturales de la violencia.
Esto, sin duda, habría que esperar a ver llegar cómo se argumenta de manera robusta y cabal.La insurrección para Bonanno implica el rechazo de la alienación, especialmente de la subordinación a la producción, y supone tanto una afirmación de la vida y el deseo como el asalto a las estructuras de poder.
¿En qué grado una sociedad, incluso una autogestionada y basada en el apoyo mutuo las relaciones humanas no están subordinadas a los grados de productividad de necesidades básicas en términos de < subsistencia productiva > relativa al trabajo humano y a la sostenibilidad ecológica? Las estructuras de poder estatales, gubernamentales y el resto de formalidades de autoridad pueden derribarse, pero la autorregulación, la autogestión y el mantenimiento de los medios de abastecimiento de recursos primarios para la subsistencia deben estar supervisadas, porque no extrapolarse una dogmática ideológica al entendimiento de todos los individuos de esa sociedad, sino no tendría sentido distinguir entre esos < excluidos >, capaces de la < acción directa > e incapaces de < acción indirecta > insurreccional en una estructura social posinsurreccional.
La insurrección tiene al menos tres componentes políticos. Tiene un componente afectivo o expresivo: ataques que responden a la indignidad y la violación, que son psicológicamente liberadores e inspiradores. Tiene un componente estratégico: impone costes a las fuerzas represivas u opresoras, y sirve para labrar espacios de autonomía alterando el equilibrio de fuerzas. Y tiene un componente prefigurativo, ya que cada acto de insurrección apunta e intenta producir en el presente una insurrección total que desemboque en la destrucción del sistema.
Para el componente afectivo se abren dos factores de riesgo no menores, a saber: 1) la sostenibilidad de las motivaciones y el ejemplo histórico de que, mientras tales motivaciones pueden dar lugar a la incitación inicial, su capacidad para sostener un movimiento organizada sin una estructura racional y coherente, digamos, < sedimentada >, es limitada; 2) la violencia conlleva un riesgo de escalada debido a este factor que desvirtúe los valores y las razones legítimas de la insurrección. En casos reales, los ciclos de violencia escalada hacen fallar a la acción directa en alcanzar objetivos a largo plazo y pueden dar lugar a represiones más severas y a la alienación de los aliados moderados, que podemos contar entre la sección de la población < pasiva >.
Para el componente estratégico, es de suponer que no se está contando con los costos que las < fuerzas estatales > habrán de hacer contra una noción de < pequeñas acciones insurreccionales >, las cuales podrían absorber o desviar sin mayores problemas, sino como una acción extensa y simultánea a nivel nacional o de apoyo internacional – en cualquier otro caso, este componente en poco menos (desproporcionadamente, de hecho) que optimista en los términos del texto. Hay que tener en cuenta que la creación de < espacios de autonomía > lo suficientemente reducidos puede dar lugar a < contra-estrategias de aislamiento >, lo que convertiría a estos < espacios de autonomía > en blancos aislados, cuya acción no sería escalable y su impacto se vería limitado, luego reducido y luego extinguido.
Para el componente prefigurativo sólo hay problemas lógicos y prácticos, porque es el componente ideológicamente más < estético >: cuando las necesidades inmediatas chocan a largo plazo alentar a < confiar > en el ideal de creación de una nueva sociedad a largo plazo en el contexto de los actos insurreccionales pre revolucionarios. Por otro lado, no parece cabal considerar estos < espacios prefigurados > más allá de inspiradores en ciertas narrativas ideológicas, que no teóricas, debido a que no puede deducirse de la lectura del texto el suprimirles de la posibilidad de ser cooptados por fuerzas externas o desviarse debido a presiones entre estas fuerzas externas y fuerzas internas. Suprimir de la consideración está posibilidad de eventualidad y transición de los estados de cambio social es producto del sentimiento, y por esto, de la ideología, no producto del intelecto.
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