Descripción
Todo el mundo está tan aburrido de los placeres de la supervivencia -placeres de un mundo al revés- que tenemos que abrir y liberar los placeres de la vida, para que se derramen por todas partes. Si les damos rienda suelta demolemos la actual ética dominante, pero ésta no se destruirá hasta que no dejemos que el deseo se desboque. La revolución ya no consiste en negarse a consentir y sobrevivir, sino en deleitarse en uno mismo, algo que todos conspiran para prohibir, especialmente los militantes… Sin embargo, el arma que todos podemos utilizar para luchar contra la proletarización del cuerpo y de los sentimientos es el placer desenfrenado y sin oposición.





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